Espacios para el Deporte y la Recreación en la Ciudad Universitaria 2003

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Paraje el Pozo - Santa Fe - Argentina

Premio

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Ramiro Cristina

Daniel Guardati 

Juan Ignacio Leguizamón

Maximiliano Lugo

Fernando Martini

Emiliano Ternavasio

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Colaboradores:

Ricardo Palma

Gabriel Navarrete

Ing. Osmar Corti

Ing. Angel Blas

Una simple observación en el campo social, pone de manifiesto un estado de crisis, que se refleja en el estado de incertidumbre respecto a la verdad, a la ausencia de fundamentos, de valores, de certezas, el sujeto se encuentra vacío. No cuestiona la realidad, no imagina nuevos mundos, solo se trata de vivir.


Frente a este estado de incertidumbre en que vivimos; intentamos recrear la universidad del saber, donde primen las dudas, las incertidumbres y el cuestionamiento constante de los conocimientos disponibles y, a la vez, consolidarla como un espacio democrático y pluralista, donde todas las ideas puedan dialogar entre si, buscando abrir el espacio a un grado de indeterminación que quiebre los esquemas tradicionales.

Desde estos nuevos espacios se propone desarrollar, promover, y difundir la cultura y la ciencia, extendiendo su acción al pueblo. Preservar y educar en el espíritu de la moral individual y colectiva y en el respeto y defensa de los derechos humanos mediante la Ciencia, tecnología y cultura para todos los sectores de la sociedad.


La propuesta constituye un vinculo concreto de la gente con la naturaleza, teniendo un gran valor educativo y de concientización, que respeta el paisaje natural y sus posibilidades de aprovechamiento para el uso deportivo, recreativo y cultural. 

Reflejando la transformación de las actividades humanas, de las formas de vida, de todo el contexto económico y social, del cambio de percepción de lo social, lo público y lo colectivo, que han supuesto a su vez una transformación de las relaciones del ser humano con el espacio que lo rodea. Por eso buscamos la interrelación entre espacios, la superposición o confluencia de funciones.


Las relaciones que proponemos entre arquitectura y paisaje, entre espacios cerrados y abiertos generan nuevas formas de arquitectura donde no resulta necesario distinguir entre interior y exterior, donde los usos pueden acomodarse indistintamente estableciendo relaciones mucho más directas y donde las fronteras o límites desaparecen diluyéndose y generando nuevos espacios de transición. La integración en el paisaje requiere de cierta permeabilidad no solo espacial, sino también funcional, de nuevas energías que llenen de contenidos, que transformen los simples espacios libres en espacios de acogimiento, adecuándolos o multiplicando sus usos. La condición de los espacios libres debe estar ligada a su reconsideración y reelaboración continua en el tiempo con la suficiente agilidad para adaptarla y adecuarla a las necesidades de cada momento.


A partir de la necesidad de consolidar la unidad como un todo, desde las distintas escalas, se propone una lectura del conjunto como síntesis de elementos ordenadores que interactúan semánticamente incorporando movilidad, flexibilidad y dialéctica en la morfología del proyecto, que tendrán un fuerte impacto en el pensamiento y emociones del observador.


Así, el proyecto, se presenta como el recorrido por un cruce de fuerzas, de acontecimientos, de encuentros, de realidades y de esperanzas. Un recorrido que empieza en un gran espacio, sobre la costanera este, como un gran vació que calla ante la presencia de la incertidumbre, que mira a la ciudad y se ofrece a ella, como un lugar de observación y contemplación. Tiene el espíritu de un espectador, que sin ser protagonista, reconoce el poder de convocación que tiene la costanera y le da una mano, generando lugares públicos de permanencia.


Este espacio permite la multiplicidad de usos, de funciones e integra a su vez paisaje natural (de fuerte carácter ambiental), con estacionamiento (de fuerte carácter residual), con zonas de permanencia, de recorrido, etc. Esta espacio toma la génesis de la trama urbana, que cruza a través de la laguna, como símbolo de interrelación entre ambos.


Reconociendo al conocimiento como la puerta de ingreso a la cultura, se propone una gran explanada, como punto de intensidad que se propaga en el tiempo, como nuestro presente y es la esperanza de nuestro futuro, todo unido por la cultura, los valores, mitos e historias que nos anclan a un pasado en común y nos abren camino en un futuro incierto. Este espacio enfrenta en su dimensión cultural la dicotomía entre lo inmediato y lo permanente, la tensión entre historia y evolución de la cultura, y la generación del simbolismo.


A partir de este punto, el proyecto se vértebra a partir de 2 ejes peatonales que articulan las diferentes espacios entre si y con el resto de la ciudad universitaria, dándole un carácter global.


El proyecto en general incorpora el concepto que significa caminar, sentarse, tumbarse cómodamente, tirarse al sol, y a la sombra, el agua, la tierra, y el resto de las sensaciones. Estar en contacto con el entorno, como el traslado necesario del lenguaje arquitectónico al espacio.

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