Museo del Alfajor Havanna 2004

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Mar del Plata - Buenos Aires - Argentina

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Ramiro Cristina

Daniel Guardati 

Juan Ignacio Leguizamón

Claudio Navarrete

La apropiación del edificio Havanna, para su refuncionalización, nos enfrenta a una relación  dialéctica entre la preexistencia y la nueva intervención, la cual pone de manifiesto la coexistencia de dos tiempos: el de construcción original y el presente. Frente a esta situación, decidimos mantener la estructura original, mejorando lo deteriorado y agregando terminaciones y circulaciones para permitir las nuevas funciones, que no se contradicen con el edificio.

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En esta relación entre el viejo edificio y el reciclado, ponemos de manifiesto su temporalidad, exhibiendo los modos de un antes y un después. La articulación de estos dos tiempos define las rupturas y superposiciones de la historia que subrayan y los signos de la memoria que están en juego. Lo que se enfatiza con esta operación es la relación de las formas del pasado y las formas de la actualidad.

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El proyecto, entiende al edificio como símbolo de la marca Havanna en Mar del Plata, enfatizando dos aspectos: hacia fuera, su cualidad de hito urbano, cuya presencia sobre Boulevard Marítimo se manifiesta inequívoca en su carácter institucional, devolviéndole la imagen original del edificio y remarcando su ingreso. Y hacia dentro, cobijando y abrigando con formas envolventes una arquitectura como soporte de una experiencia sensorial y estética.

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El proyecto es el resultado de una arquitectura capas de expresar la sensibilidad por la interpretación del lugar y del programa. Se trata de crear un rasgo nuevo en el edificio, algo que no estaba, que se incorpora, pero que lo hace con un sentido de respeto por las preexistencias, de valoración de las características propias e inherentes del mismo, de desarrollo de sus potencialidades, de entender los objetivos de la firma y sus necesidades.

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El proyecto define una filosofía en la creación de espacios para exposición, atiendo especialmente los procesos de producción de la marca en todas sus fases y sus vínculo con los consumidores. Pero, además de relacionar al público con la marca, provee los elementos necesarios para el desarrollo imaginativo y creativo. Extiende el material y la infraestructura para el desarrollo formativo, creativo y expresivo.

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El espacio, surge entonces, como parte de un sistema de piezas articuladas y de experiencias parciales y fragmentarias que cada visitante hilvana en su mente, establece un fuerte vinculo entre el público y el edificio. Esta idea de espacio, se compone,  tanto de cosas tangibles como de actitudes, preferencias y patrones mentales. La idea del espacio se extiende pues, a la noción de experiencia, o sea, a la suma de memorias, significados y actitudes que vinculan a este espacio con el visitante y la ciudad de Mar del Plata.

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Esta noción se materializa a través de  recorridos aleatorios con el mayor grado de libertad posible; donde las líneas fluidas, los vacíos, y los planos acompañan y anuncian las diferentes alternativas que cada visitante tiene la posibilidad de elegir. Proponemos, entonces,  recorridos que el visitante completa, caminos que se ramifican en imágenes y conceptos arriesgados, ejercicios con una clara capacidad experimental.

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La espacialidad se resuelve mediante la interconexión entre los diversos espacios de recorrido y permanencia; y la posibilidad de enriquecer las múltiples miradas en cada espacio permeable e interrelacionado, generando imágenes y sensaciones novedosas para el observador. Fluidez y articulación son las ideas esenciales que constituyen la espacialidad de este mueso.

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El ingreso del público se realiza por su fachada principal, y mas precisamente, por el centro de la misma, en donde se genera en su interior en un espacio central, crucial en la estructura del museo, ordenando la circulación y dividiendo las diferentes zonas. Este espacio central, como eje de la composición, realza la idea original, permitiendo en su lectura, reconstruir perceptivamente  las  tensiones  del  espacio  y  sus  atmósferas  ambientales; y posibilitando percepciones múltiples mediante diferentes conexiones.

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Los espacios se fragmentan, desprendiéndose del espacio central, formando microespacios, permitiendo realizar diferentes actividades en cada uno de ellos. El público podrá utilizarlos libremente para recrearse, pasear o descansar.

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Estos espacios se encuentran distribuidos en dos niveles, en planta baja se dispuso un sector de exposición permanente, donde se realiza una escenificación de los procesos de fabricación del alfajor, para que grandes y chicos pueden participar  en la elaboración del mismo. Además se ubicó el Havanna café  y la venta de productos y merchandising, como así también todos los espacios de uso técnico que requiere el correcto funcionamiento del museo.

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En el entrepiso se desarrolla en un complejo espacio destinado a la recreación del mundo imaginario de los chicos, que adquiere, de este modo, un amplio espectro de posibilidades de juego y aprendizaje sobre la historia de Havanna y Mar del Plata. En el mismo, se articula un numero importante de actividades programadas que recrean la fantasía, como fuente de imaginación infantil, con imágenes tanto de la historia, como el presente, y futuro de Havanna, logrando una unidad temática de la imagen y del espacio. Cada actividad con su especifico carácter y acorde a la edad del niño definido en cada uno de los programas.

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Ambos niveles están vinculados por una rampa, que a manera de plano se desprende del edificio, jerarquizando el espacio central, como articulador de un sistema de recorridos.

 

 

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